Eran principios de diciembre. Mi estancia en Canadá tocaba a su fin y yo todavía sin ver la nieve. Bueno, sin tocarla. Algunos días se veían las montañas nevadas allá al fondo; más allá de Hastings; más allá de la Bahía Inglesa; pegaditas a Vancouver Norte. La nieve que premia el aguante de los columbibritánicos durante un horroroso otoño lluvioso y ventoso que un servidor se tragó entero. La nieve que marca la estación del esquí. La vuelta a las actividades en exteriores. El regocijo máximo de una provincia (un país) que vive por y para hacer el cabra en el entorno natural. Así las cosas, le dije a mi amigo Ricardo, que es mexicano:"Oye, Ricardo, quiero ver la nieve". A los dos días me dijo qué tienes que hacer el fin de semana del 6. Y le dije que nada, que la última vez que salí de marcha por Vancouver terminé cerrando el Cellar Nightclub con una panda de travestidos tailandeses, y que había tenido suficiente (no saque aquí el lector conlusiones equívocas, aunque sí puede sacarlas sobre lo extrañas que pueden llegar a ser las noches cuando uno sale solo por Vancouver). Así que Ricardo me dijo que íbamos a hacer camping al Manning Park. Y yo le dije que me parecía una idea cojonuda.
No tenía saco de dormir. Así que recurrí a mi amigo Phillip, británico en la British Columbia, amigo de la universidad y experto en peces y en hacer el cabra como buen adaptado al estilo de vida canadiense. Le dije Phillip, me voy a hacer camping al Manning Park este fin de semana y necesito un saco de dormir. Y Phillip dijo "you're kidding me" se te van a congelar los nuts. Y yo le dije que no fuera exagerado. Así que, con aire mitad resignado y divertido, me llevó a su casa y me enseñó los sacos que tenía. Y me dijo que me llevara el de menos siete grados y un forro interior por si acaso bajaba la temperatura un poco más, para no quedarme pajarito. Y la verdad que ahí, con lo del saco de menos siete grados, me empecé a hacer idea de por donde iban los tiros.

Cuando amanecimos la nieve lo cubría todo. Aquello ya era otra cosa. El resto del día lo empleamos en hacer el cabra por el lago, repasar lecciones de botánica, ir a ver las castoreras y ver un bosque muy bonito, ya por debajo de la cota de nieve, con algunos árboles realmente impresionantes.
Beaver Lake: el lago creado por una familia de castores, compeltamente helado
Beaver Lake
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