miércoles, 13 de agosto de 2008

martes, 5 de agosto de 2008

viernes, 27 de junio de 2008

Vector Portraits

El otro día, sumergiéndome en la blogosfera pedalera encontré un par de cosas que me llamaron la atención. Como la primera trataba sobre cómo masturbar paquidermos creo que voy a pasar directamente a la segunda. Se trata de una serie de retratos de Andrew Bush, realizadas desde un coche a los conductores de los coches vecinos. La serie no tiene desperdicio. Cuelgo un par de ellas para abrir boca.











jubilación

martes, 24 de junio de 2008

era otra tormenta

Ayer calló una tormenta salvaje. Entrada la noche estaba tumbado, esperando a que a mi cabeza le diera por dormirse. De pronto la habitación se iluminó y volvió rápidamente a las tinieblas. Luego, desbordando las calles, llegó el ruido y temblaron los cristales. Sucedió una vez más y otra. Entonces, golpeado por un fogonazo más, lo vi, encerrado en mi mente, como un recuerdo conservado al vacío. 


Era otra noche y era otra tormenta. El ruido se hizo más intenso. La lluvia se estrellaba contra el poncho de plástico y dentro todo era humedad. Caminaba con las botas empapadas por una playa desierta que se aparecía unos segundos con las luces de la tormenta y volvía a desaparecer. Otras tres siluetas formaban aquel penoso grupo. No usábamos linternas. A cada paso los seres de la arena iluminaban unos instantes nuestras huellas en la oscuridad. Y sólo había lluvia. La oíamos contra nuestros ponchos. La oíamos contra la arena y contra las palmeras y el manglar. Y oíamos el mar. El Pacífico queríendose comer la playa a bocados. Las olas aquí mismo mojándonos los pies, chocando contra los innumerables troncos que salpicaban la playa y que nosotros sólo podíamos ver durante fracciones de segundo. Y, con cada descarga de luz, la inmensidad salvaje, agazapada, invadiéndolo todo. De repente el temor del instinto desapareció. Me emborrachó una consciencia absoluta. Podía sentir cada gota, cada hoja temblando en la noche, los infinitos seres microscópicos iluminándose bajo nuestros pies, los peces entre la espuma del océano y las tortugas mirándonos pasar, esperando para tomar la playa. Fui engullido en una comunión, en una fusión temporal, por aquella inmensidad que lo era todo. Recuerdo esa sensación recorriendo mi cuerpo, bajo el poncho. Y con el siguiente relámpago debió quedar grabada en mi memoria.

sábado, 21 de junio de 2008

La senda del perdedor - Charles Bukowski

"Qué gran triunfo hubiera sido. Besar esos labios ceceantes, acariciar sus piernas abiertas mientras Hitler devoraba Europa y codiciaba Londres."


Bukowski narra su infancia, adolescencia y juventud a través de las desdichas de Henry Chinaski, su alter ego autobiográfico. Chinaski, a puñetazos con el mundo, repta por la mugrienta moqueta que hay detrás del falso sueño americano de los años treinta, más allá de los deportivos color crema de los niños bien, de las clases acomodadas y de la propaganda política. Las explosiones hormonales y el abuso prematuro del alcohol le llevan en carambola por un mundo cutre y casposo que retrata a base de sartenazos con la precisión de un francotirador.

"La estructura familiar. O cómo vencer a la adversidad a través de la familia. Él creía en eso. Coge la familia, mézclala con Dios y la Nación, añade diez horas de trabajo diario, y tienes todo lo que necesitas."

"Quizás pudiera vivir de mi ingenio. La jornada de ocho horas me parecía algo imposible, y sin embargo todo el mundo se sometía a ella. Y la guerra, todos hablaban de la guerra en Europa. No me interesaba la historia del mundo, sólo la mía. Vaya porquería. Tus padres controlaban los años de tu desarrollo jodiéndote todo el rato. Luego, cuando ya eras capaz de vivir por ti mismo, otros querían embutirte un uniforme para que te pudieran volar el culo.

El vino sabía fenomenal. Llené otra vez el vaso.

La guerra. Y yo todavía era virgen. ¿Puedes imaginarte volado en pedacitos en nombre de la historia sin haber siquiera conocido a una mujer? ¿O poseído un automóvil? ¿Qué es lo que protegería como soldado? A algún otro. Algún otro a quien yo le importaría un bledo. Morir en una guerra no evitaba que surgieran otras."

Además de maltratado por su padre hasta entrada la adolescencia, Chinaski estará durante años marcado, irritado y marginado por un terrible acné que le cubre todo el cuerpo y que condicionará su relación con los chicos y chicas de su edad, siendo estas últimas seres completamente fuera de su alcance y que despiertan en él un intenso sentimiento de rechazo:
"Las chicas tenían buen aspecto vistas a distancia, con el sol filtrándose entre sus ropas y cabellos. Pero cuando se acercaban y mostraban sus cerebros a través de la cháchara de sus bocas, te sentías con ganas de cavar una trinchera en una colina y esconderte con una ametralladora. Verdaderamente nunca sería capaz de ser feliz, casarme y tener hijos. Demonios, ni siquiera podía obtener trabajo como lavaplatos."
Sólo encontrará refugio en la bebida, la violencia de las peleas callejeras, la música y la literatura. En estas coordenadas, donde encontramos vómitos y manchas de vino en la alfombra, nace el germen que marcará la vida y obra de Bukowski.

La senda del perdedor es un libro ágil, rotundo y divertido que nos sacude el seso y la conciencia y que pese a hablarnos de una sociedad de hace setenta años se mantiene perfectamente fresco, hiriente y sincero. 

jueves, 19 de junio de 2008